Las dianoga eran parásitos que habitaban entre la basura de los grandes cruceros, en las alcantarillas de planetas muy habitados y en casi cualquier lugar húmedo y sucio. Estas criaturas poseen siete tentáculos que utilizan para arrastrar a la presa a su boca. Su crecimiento es impresionante, recién nacidos son unas pequeñas larvas microscópicas y en la madurez alcanzan diez metros de largo. El apetito de las dianoga nunca se satisface, por lo tanto hay algunos especimenes gigantes, lo que las convierte en una amenaza real, teniendo en cuenta de que son instintivamente agresivas. Una de estas criaturas sin comida es aun más peligrosa ya que atacará con ira a todo lo que pueda satisfacer su voraz hambre.
Extrañamente estas criaturas destinan cierta cantidad del alimento digerido hacia unos conductos cercanos a su piel, los cuales la procesan el alimento y lo usan como un método de camuflaje. Su color refleja su alimentación, ya que originalmente su piel es transparente.
Las dianoga son criaturas milenarias, existían incluso antes de la Antigua República. Cuando los hutts mandaban en la Galaxia llegaron al pantanoso Vodran y las descubrieron, transportandolas posteriormente a muchos mundos.
En la película final, el director George Lucas quedó menos impresionado de lo esperado con el efecto de la dianoga debido a que se imaginó algo más grande y siniestro.
El juguete original de Kenner para la Estrella de la Muerte incluía a una Dianoga en su triturador de desechos. La suave forma parecía un tiburón verde mutante con un pedúnculo ocular que sobresalía de su nariz y sus aletas terminaban en tentáculos.